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viernes, 21 de abril de 2017

Crónica de una lectura, digamos, atípica



            Ayer, en la Biblioteca José Hierro, de Talavera de la Reina, asistimos a una magistral lectura de Sagrario Pinto, tal como anunciaba aquí el pasado miércoles. Una lectura en la que la autora hizo un recorrido por sus tres libros de poesía publicados: Noviembre (1980), La piel de la memoria (1999) y Las miradas (2003), para, posteriormente, pasar a hacer un repaso de su obra dedicada al público infantil, entre la que destaca La casa de los días (Anaya, 2001), uno de los libros de poesía infantil de mayor éxito en los últimos años.
            En el estrado acompañaban a la autora Joaquín Benito de Lucas, que da nombre a este Aula de Poesía, y Mercedes Regidor, quien debía presentar a la protagonista de la noche. Sin embargo, el orden de intervenciones resultó un tanto atípico. A las palabras de bienvenida de Benito de Lucas siguen habitualmente las del presentador —presentadora, en este caso— para continuar el poeta (la poeta). Sin embargo, un lapsus del primero dio directamente paso a la autora, quien, en un nuevo despiste, inició la lectura comentando sus primeros contactos con la poesía, el juego inicial con las palabras, la confección de su primer libro, Noviembre, ligado a la Aventura de La Troje, en los años 80, su estancia en Alemania, su vuelta a España...
            Avanzaba Sagrario por su intervención cuando J. B. de L. debió de caer en la cuenta de que la presentadora no había intervenido, y algo comentó brevemente con ella. De modo que, cuando nuestra autora terminó la lectura de fragmentos del último poema de Las Miradas (un poema de gran extensión, del que sólo leyó partes), y antes de que pasara a referirse a su labor ligada a la literatura infantil, Joaquín volvió a tomar la palabra para disculparse por el error y apuntar que, por una vez, se había roto el protocolo habitual, de modo que sería entonces cuando Mercedes Regidor apuntaría las claves sobre la obra de Sagrario Pinto. Para entonces, empero, todo estaba prácticamente dicho, pues la autora, había intercalado entre poema y poema referencias sobre su tarea y matizado aspectos concretos de su poesía. Así, la presentadora se limitó a subrayar algunas de sus notas, referirse a varios de los textos leídos y señalar otros que le habían parecido significativos en su propia lectura.
            Tras de esto, retomó la palabra la protagonista para comentar su labor como escritora infantil, íntimamente ligada a la enseñanza y a los libros de texto, y leer algunos de los poemas de La casa de los días, para finalizar con un cuento en verso con el que explicar a un niño qué es un poeta; un cuento delicioso que puso un excelente punto final a una lectura provechosa, aunque  accidentada y atípica, en la que Sagrario Pinto hizo —valga el tópico— las delicias del público asistente. 

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