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viernes, 4 de mayo de 2012

Angastaco en Talavera. Odisea XXI

[Una de las fotografías que nos hicimos como recuerdo de la visita. Detrás, La Colegial de Sta. María]


            Acaso alguno de los que os asomáis, aunque sea de tarde en tarde, a este blog, sepáis algo de él. Pues de él, y de su poesía, hablé aquí, en lo que pretendía ser una sección dentro de Verbo y penumbra que al final, dada mi poca constancia, quedó en agua de borrajas. Acaso otros, compañeros de viaje en el tantas veces traído Foro de Sonetos de Poesía.com, le recordéis por su buen pulso con el verso y la mesura y sensatez de sus opiniones. Pues bien, José Fernández Erro —aquel Angastaco—, en compañía de Marta, su esposa, pasó recientemente por Talavera. Con ellos paseé por mi ciudad y recorrimos algunos de los escenarios reflejados en mis Fragmentos de inventario.
            Charlamos de la vida, de la familia, de la crisis que reina tanto a un lado como al otro del océano, y que no sólo afecta al ámbito económico sino, más grave aún, a valores como la ética y la solidaridad. Reímos, también. Y brindamos por el encuentro con un vino manchego, que por algo estábamos en una zona que pertenece a esa Comunidad, Castilla-La Mancha, aunque por geografía, tradiciones y paisanaje en este rincón nos sintamos más cerca de Extremadura. Me dejó su último libro, Odisea XXI, que ya conocía a través de nuestra comunicación epistolar, pero que he releído con entusiasmo y gran placer. De su lectura, he entresacado estos apuntes:

            Odisea XXI es el último libro publicado por José Fernández Erro. Se trata del cuarto libro que da a la imprenta, después de Una mesa es un camino (Talavera de la Reina, 2004), del que fui editor; Lluvia del desolvido y Tangoneones (Buenos Aires, 2005) y Los caminos del día y de la noche (Buenos Aires, 2007). Cuatro libros (cinco poemarios) en los que se observa una unidad poco común; tanto en lo que a la forma se refiere, con abundancia de sonetos y poemas de métrica y corte clásico (sin olvidar aquellos otros en verso libre y blanco), como a la temática desarrollada, donde el viaje, como metáfora del propio discurrir del hombre, resulta elemento recurrente, y es interiorizado y abordado desde diversas perspectivas. Así, el paisaje, el vino, el cordero, la guitarra, el amor o la amistad son conceptos esenciales en continua reconstrucción.
            En Odisea XXI, el autor traza un paralelismo entre la epopeya de Homero y el diario fluir del poeta. Tanto la cita que abre el libro, de Pablo Neruda —Regresé de mis viajes. / Navegué construyendo / la alegría—, como los primeros versos del poemario —La vida fue dejando sus palabras / como estela de fugitivo barco—, son toda una declaración de intenciones. A partir de aquí, el poeta, acaso exiliado en su propia intimidad, comienza una navegación hacia sí mismo, mientras vislumbra allá en la lontananza el punto final donde todo concluye. Significativo, en este sentido, el poema Odiseo en la balsa:

Dios que amontonas las nubes en el cielo,
¿por qué con tanta furia nos impones
tus tormentas en las navegaciones?
¿Por qué tanto desdén y tanto celo?

Nuestra balsa en tus olas es pañuelo
a merced de enojosos poseidones
y ateneas de erráticos perdones
que sopesan consuelo y desconsuelo.

¿Por qué tantos naufragios, Dios del trueno?
Atrás Ogigia, nos ponemos viejos
navegando al amor por pontos lacios...

¿No basta con ser sabio y con ser bueno?
¿Por qué Dios del adiós está tan lejos
la costa del país de los feacios?

            No faltan en el libro referencias a Las sirenas, de las que, tras haber escapado, dice: Desde que dejé atrás aquellas islas / sigo escuchando el canto. Las sirenas / no apartan su canción de mi silencio. Ni tampoco a los compañeros y amigos que quedaron en un camino que, como es normal en toda vida, también estuvo jalonado de fracasos: Voy ahora a la deriva / navegando solitario / los pontos de mi memoria / están llenos de naufragios.
            Llegado a Ítaca, el poeta continúa extrañándose. No reconoce su patria y se pregunta: Si en verdad son de Dios los forasteros / ¿por qué no recupero mi querencia / cuando llego a mi patria de tan lejos?
            Al mismo tiempo, la voz del poeta se universaliza. No es una visión íntima, sino solidaria: voz del Hombre obligado a la búsqueda continua de su Ítaca; un país construido con el esfuerzo diario, y en donde, obligatoriamente, se ha de labrar la esperanza y la alegría. Así, el poema final termina: Ítaca es una suma de las Ítacas / donde el amor construye la alegría.
            Un libro, en resumen, cargado de significado y reflexiones en torno al viaje que supone el hecho de vivir, y en el que ningún verso viene a ser gratuito, sino que tiene razón de ser y peso propio. En definitiva, otro paso más, firme y esclarecedor, dentro de una obra solvente, alejada de cualquier concesión, que profundiza en una manera de decir con voz propia y en una poesía sin trampa ni cartón.

2 comentarios:

  1. ¡Que alegría saber de nuestro buen amigo Angastaco! Sobre todo verlo en tan buena forma literaria y con tan buena salud. Han debido ser unos días extraordinarios. Desde la lejanía vuela mi nostalgia y mi amistad hasta vosotros.

    Aunque en periodo de aletargamiento el espiritu de manolotel está deseando leer esos versos homéricos con la fruicción que merecen. Ya me dirás como me hago con el libro.

    Un abrazo que ruego traslades via transoceánica a nuestro estimado vate.

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    1. Manolotel, supongo que nuestro amigo leerá esta entrada y tu comentario; no he sabido de él desde su vuelta a Argentina, que supongo sería sin contratiempos.
      Me temo que aquí en España será difícil de conseguir. Una lástima, porque el libro, de verdad, merece la pena.
      Queda aquí tu abrazo transoceánico. Por mi parte, un abrazo doble, para ti y para nuestro amigo.

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