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jueves, 3 de noviembre de 2011

Cierre de la web. Traslado al blog.



En los próximos días desaparecerá de la Red mi página web, al vencer —y no renovar— la suscripción que permite su emplazamiento desde hace cuatro años. He tomado esta decisión al ser la página sólo una muestra quieta de textos y fotografías seleccionados en su día, antes de que me decidiera a poner en marcha Verbo y Penumbra, espacio, al contrario que la web, vivo y dinámico, y en el que tan a gusto me siento. Ahora bien, antes de que tales huellas desaparezcan definitivamente del ciberespacio, he pensado que sería bueno trasladar toda esta información al blog, aunque para ello sea preciso incorporarla mediante sucesivas entradas que, posteriormente, quedarán asociadas a las imágenes de los distintos libros a los que pertenecen, tal y como ocurre en la actualidad, ahora remitiendo a la web y no al propio blog, como sucederá a partir de este cambio. Por todo ello, desde hoy y en días sucesivos, iré dejando aquí las pistas mencionadas, que, aunque algo obsoletas, siguen conduciendo al que suscribe. 
Vaya, por tanto, a continuación la nota biobibliográfica que, a modo de saluda, se mostraba en la tan repetida web:

Estimado curioso [que te asomas aquí]:

No estoy muy ducho en esto de las páginas web y, por tanto, carezco de criterio definido sobre la manera más adecuada en que deba presentarme. Lo haré a mi manera; es decir, repasando someramente lo que ha sido de mí desde que un día de enero de 1955, en Talavera de la Reina (Toledo), vi por primera vez la luz, y por primera vez, también, sentí el frío: me cuentan que aquél fue un invierno especialmente crudo, y yo, despreocupado como siempre he sido, venía con lo puesto, o sea, con piel y huesos, y de ello, tampoco sobrado.

De mi niñez recuerdo un barrio de casas bajas, con las puertas abiertas; de calles empedradas, de vecinos con nombre y apellidos, y apodos, también, en algún caso. Y recuerdo mi casa; del siglo XIX, con dos plantas: la planta baja, donde residían mis abuelos; y la primera planta, en la que vivía con mis padres y mi hermana y, casi, al final —antes de trasladarnos a la que sería mi segunda residencia—, con mi hermano, que llegó más tarde y no pudo disfrutar de aquella casa que hace mucho que dejó de existir, y siempre tuvo para mí algo de misterioso y de aventura. Asocio mi niñez a aquella casa, y de ésta, al patio en el que podíamos jugar a cualquier hora, rodeados de rosas, geranios, claveles, azucenas, celinda o pericones, que yo regaba con mi abuelo; también de avispas en verano —que nunca nos picaron—, y de inquietas lagartijas que a veces cruzaban como relámpagos delante de nosotros, o tomaban el sol, en quietud mineral, prendidas en la cal de las paredes.

Acaso para no perder del todo aquel mundo, comenzase a escribir mis primeros versos, cuando rondaba los trece años de edad; después, he continuado, sin llegar a definir con total seguridad los motivos precisos que me mueven a hacerlo.

En los cuarenta años que median desde mi primer poema hasta hoy he publicado varios libros —bastantes menos de los que he escrito— y recibido algún premio. Sin otro afán que el de dejar constancia de ellos, aquí los detallo:

Segunda soledad” (Premio Rafael Morales 1978. Publicado en Col. Melibea, del Ayuntamiento de Talavera, 1979)
Donde el amor se llama soledad” (Premio Ciudad Santo Domingo 1979. Publicado en Madrid, 1980)
Del verbo y la penumbra” (Accésit Premio Adonais 1984. Publicado en RIALP, Col. Adonais, 1985)
Otros libros publicados: “Vosotros sois poetas” (1977), “Constancia de las lunas” (Colec. La Troje, 1982),
Jardín de luz” (1996), “Dédalo” (1998) y “Veinticinco poemas en Carmen” (1999), estos tres últimos en edición de autor.

En todo este tiempo, algunos de mis poemas han visto la luz en algunas revistas literarias y me gusta sumar a mi bagaje literario el hecho de haber pertenecido al “Colectivo La Troje”, experiencia editorial que, entre 1980 y 1982, llevamos adelante un grupo de amigos (Antonio Rubio, Alfredo J. Ramos, Sagrario Pinto, Agustín Yanel, y el que suscribe), donde se publicaron tres libros de poemas, uno de relatos y una novela corta.

Actualmente, después de trabajar durante treinta años en una entidad bancaria, me dedico a la familia, la literatura y los fogones, y diariamente —por prescripción medica—, “a golpe de calcetín”, mido la distancia que media entre mi casa y el río Alberche —ida y vuelta—, y que cada jornada, sin variación visible, suma nueve kilómetros, o lo que es igual, 1,61 leguas.

Estimado curioso (si llegaste hasta aquí, debiera ya decirte “Estimado amigo”), este es mi currículo: mis credenciales. Ahora, si aún quieres conocer algo más de mí, puedes asomarte a estos textos y juzgar por ti mismo.

Muchas gracias.

5 comentarios:

  1. ¿Desaparecer definitivamente del ciberespacio? Al parecer, tal cosa no es posible, Antonio. (otra cosa es saber dónde se encuentra a partir de un determinado momento y circunstancia la puerta de acceso). Incluso algunos lucubran con la hipótesis de que la perdurabilidad irreductible de lo lanzado hacia «la nube» sea lo más parecido a la verdadera vida inmortal que el «bípedo implume» haya logrado en su larga trayectoria.

    En todo caso, que te sea leve la mudanza.

    Un abrazo

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  2. Pues también tienes razón, Alfredo. ¡A saber, adónde irán todas estas pistas que, para bien o para mal, dejamos! En cuanto a las contenidas en la web, aunque ha quedado hecha copia de la misma "tal cual", me apetecía que con sus aciertos y errores, continuara disponible para (si es que existe) "el lector curioso".

    La mudanza no es grave. De hecho, ya la tengo toda programada. Casi ocupo con ella el mes: prepárense.

    Un abrazo.

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  3. ¡Nueve kilómetros! Yo sólo hago cinco, apurados.

    Un saludo

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  4. Acabo de encontrar esta página de manera casual. Le animo a seguir trabajando en lo que le gusta. Entiendo que mientras se nos ‘empine' el cerebro, estaremos vivos y seguiremos por el buen camino de este difícil quehacer literario llamado poesía. Un saludo y enhorabuena.

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    1. Gracias, Ricardo, por la visita y sus amables palabras. Si bucea un poco por el blog verá que la huella de sus chisnetos ha quedado patente en más de una ocasión.

      Un cordial saludo.

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