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miércoles, 6 de abril de 2011

Apuntes de viaje (1)

 [Panorámica de la calle Sta. Catarina]

1.-

            Me gusta conducir por carreteras secundarias, de esas por las que apenas pasa un coche, ni un camión, ni vehículo alguno. Conducir a mi aire, que es sin prisas, contemplando el paisaje. Dentro de lo posible.

2.-

            Hemos viajado así un trecho largo. Y cuando, ya en Portugal, nos incorporamos a la autopista, el panorama no varía. Apenas circula un alma y el coche traga kilómetros a un tempo sostenido. Aunque el día está gris, sólo de tarde en tarde (de muy tarde en muy tarde) asoma la llovizna. 

[Panorámica de una de las calles de Oporto, donde puede apreciarse el deterioro de sus fachadas]

3.-

            Al llegar a Oporto, un plano y la intuición nos acercan al destino final. Nada de GPS, que acaba por diluir lo poco de aventura que aún queda en el viaje. En cualquier viaje.

4.-

            En Santa Catarina, muy cerca del Majestic —café archiconocido, de justa fama— tomamos hospedaje. Después, salimos dispuestos a empaparnos de estas calles, de estas cuestas, de esta arquitectura y de esta luz. Y conforme lo vamos descubriendo, un algo de tristeza se asoma a nuestros ojos, pues buena parte de la ciudad, de su casco histórico, está en semi-ruinas: un deterioro antiguo que se aprecia en pisos abandonados, en fachadas ajadas, en los cristales de balcones y ventanas rotos. Sólo en los bajos parece quedar vida: tiendas de actividad diversa; muchas de ellas, con atractivos escaparates y portadas.


[Portada y escaparate de una tienda de ropa]

4 comentarios:

  1. En mi sentir, Antonio, puede que parte del encanto de Oporto, de Lisboa, de Coimbra y de otros muchos lugares de Portugal resida en ese estado de arrumbamiento y decadencia sobre el que, pese a todo, se impone un carácter o personalidad inconfundible y con mucho fundamento. Es evidente que el país está al borde de la ruina (cfr. prensa diaria), pero saldrá adelante y podrá reparar fachadas, poner cristales, limpiar mugre... Seguiré con atención estas interesantes notas viajeras.

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  2. Portugal es como sus fados: reflejo de un mundo decadente (como apunta tu amigo Alfredo), pero bello, bullicioso, dulce... Me encanta Portugal. Deseo que salga de su crítico estado.
    Abrazos

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  3. Alfredo, coincido contigo en esa visión respecto a una parte del encanto de muchas ciudades portuguesas. Lo que ocurre (lo que me ocurre), es que me pregunto cómo sería, en este caso Oporto, en su época de máximo esplendor; algo que, sin duda, también me hubiera gustado conocer.

    Iremos apuntando sobre el viaje. Hoy más.

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  4. Esmeralda, también yo tengo un cariño especial por el país vecino, y, como tú, deseo que salga cuanto antes de su estado crítico; algo que, por desgracia, tal como están los tiempos, no parece fácil.

    Un abrazo.

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