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sábado, 10 de febrero de 2018

Soliloquio (Romance vespertino)

[Atardecer en Benidorm © A. C. G.] 


El mar, las rocas, el viento...
seres sin alma que habitan
en el corazón del tiempo
discurren a la deriva.
Y, sin embargo, el salobre
gusto del mar, la caliza
composición de la roca,
y el viento, que arremolina
su galope en las corrientes,
hablan conmigo, me miran
cuando les hablo y les miro,
sin saber que se limitan
a no ser: seres ajenos
al ser que soy y se aproxima
a la nada que aún no soy
mientras abrazo la vida.

En tanto la luz, ajena,
se propone en perspectivas
diferentes. Y mi sombra,
parte de mí, se perfila
en otro yo que no sabe
que yo sé que en sí termina
cuando la tiniebla invade
el ámbito que lo habita.

Soliloquios que en la tarde
pergeño, al tiempo que gira
el mundo, ajeno a las rocas,
al mar, al viento, a quien pisa
este paisaje y se piensa
que antes o después... un día
será una ausencia y el hueco
que hoy su cuerpo determina.
Ya anochece. El horizonte
se borra con la neblina
y la noche pone un velo
de sombras en las pupilas
de quien escribe estos versos
y de aquel que se los dicta.
El mar, las rocas y el viento
hablan conmigo. Respiran. 

viernes, 9 de febrero de 2018

Crónica de una presentación



Ayer, en el salón de actos de la Biblioteca José Hierro de Talavera de la Reina, con un lleno total (lo que da muestra del poder de convocatoria del poeta), tal y como se había anunciado aquí, se presentó La piel del agua, de Pedro Tenorio.

El acto estuvo amenizado por la guitarra y voz del cantautor talaverano Javier Ahijado, que recitó y puso música a alguno de los poemas de este libro. 

Dejo a continuación lo que fue mi intervención en el evento: 

Hace prácticamente tres años —exactamente, el 12 de febrero de 2015— tenía el honor de acompañar a Pedro Tenorio, en este mismo salón de actos, en la presentación de su libro A este lado del Evila, Premio poeta Juan Calderón Matador, 2014.

            En aquella ocasión, hice referencia a la trayectoria profesional y literaria de nuestro autor, alguien, por otra parte, sobradamente conocido por cuantos coincidimos hoy en este salón de actos. Por ello, y para evitar distraerlos con títulos, fechas o premios obtenidos por Pedro Tenorio, voy a centrarme en este nuevo título que el poeta nos regala, La piel del agua, libro magníficamente editado por Cuadernos del Laberinto, con una portada de corte psicodélico a partir de un cuadro de Elena Ray, y en el que, gracias a la amistad y generosidad de Pedro, lo acompaño con un pequeño prólogo.

            ¿Qué es La piel del agua, más allá de ser, obviamente, un libro de poemas? Esa es la pregunta que, bajo mi punto de vista, intentaré contestar durante mi intervención, aclarando, no obstante, que, como casi todas las preguntas, ésta también tiene diferentes respuestas, de modo que cada lector hallará las propias después de haber transitado por el camino, realmente fascinante, que supone la lectura de este libro.

            Como primera y elemental respuesta, diré que La piel del agua es un libro de amor; poesía amorosa que abarca la relación de una pareja desde los primeros pasos, donde todo es fascinación y epifanía; que continúa en el encuentro carnal, erótico, de descubrimiento, conocimiento y reconocimiento en el otro a través del sexo; y que, en su última parte esta relación se serena, remansa y se asoma al mundo exterior, incorporándolo al ámbito cotidiano y cómplice de quienes tienen un pasado común y hacen de cada instante razón de ser y puerta del futuro.

            El libro está dividido en tres partes, claramente diferenciadas entre sí, aunque, al mismo tiempo, perfectamente engarzadas en una unidad de orden superior, de modo que no se entendería por completo cada una de ellas sin la existencia de las otras dos. Podría decirse que La piel del agua está concebido como una gran fábula sobre el amor, desarrollada, como en el teatro clásico, en tres actos: exposición, nudo y desenlace.

            El primer acto, Clamores (Variaciones de Evila), describe el encuentro, los primeros pasos de esa historia de amor.  Podemos apreciar que el libro es deudor, en principio, del poemario que presentábamos hace tres años, A este lado del Evila, siendo Evila un espacio mítico, atemporal, en donde los amantes sustentan su historia.

            En A este lado del Evila se dice: Antes amé tu nombre que tu cuerpo /(Evila es el amor sin nombre propio). Y en La piel del agua: Antes amé tu nombre que tu cuerpo de amor / Quedas palabra mágica hecha música.

            Evila es el amor sin nombre propio. Y, Quedas palabra mágica hecha música. Es decir, que el poeta se adentra en la idea de un amor universal, indefinido, al tiempo que concreto, porque, a fin de cuentas, toda historia de amor es única, y en toda historia de amor respiran las demás historias que el amor mueve.

            En esta primera parte, como digo, comienzan a apreciarse los primeros tanteos entre los amantes. Y éstos se dan en un escenario idóneo, sugerente; diría que hasta cómplice. Ese escenario no es otro que un club de jazz; en este caso con nombre propio, Clamores, como se indica en el subtítulo de esta primera parte. Así, la atmósfera del local adquiere un particular protagonismo, de modo que El foco enciende azules a tus labios, o También como tus labios / es azul ahora el humo. O Se clava lentamente la trompeta / en lo azul de tus ojos. O también: Oscuros rizos surcan / la música del aire.

            A lo largo de los poemas de este primer corpus, desde la fascinación que se respira en la epifanía del amor, el poeta asienta una base sólida sobre la que levantar La espalda del agua, que no es otra que la segunda parte de este hermoso y personalísimo libro. Ésta, a su vez, se encuentra dividida en cinco subgrupos de poemas bajo los títulos de, Albada, La tarde de las bugambillas, Los nombres de tu cuerpo, La desnudez del mundo y Ángeles de alas negras.

            El conjunto de poemas de este apartado constituye la parte esencial del libro. A mi juicio, la más difícil y arriesgada en la labor del autor, pues, ya se ha dicho, aquí el erotismo es indudable protagonista. Y es complicado tratar de erotismo, mostrarlo con palabra que suene novedosa, sin caer en la grosería, en la vulgaridad ni en el lugar común. El poeta acepta ese reto y lo supera —si me permiten— cum laude, dando muestra de su maestría con el verso, de su facilidad de vocabulario y de su capacidad de sugerencia y precisión con la metáfora. Podría señalar multitud de versos que corroborarían cuanto expreso; incluso, leer poemas enteros que subrayan mi afirmación. Ello quedará ratificado en la lectura que Pedro hará a continuación, aunque no me resisto a leerles un breve poema, esclarecedor de lo que les comento:


MAS ALLÁ DE LA LUZ

Ni veo si tus ojos me deslumbran
porque me sientes dentro
del alma enardecida que sin duda
te libera del mundo,
ni veo tus gemidos.
                                      Pero siento
como espuelas tus uñas o tus alas
y el olor de las ondas de tu pelo
y la tibieza exacta que me dice
que sigues siendo tú
aunque yo no te vea.

            Los encuentros carnales entre los amantes son constantes en los poemas que conforman este segundo apartado, y los títulos de muchos de ellos son claramente definitorios: Amazona después de la batalla, Naufragio entre las sábanas, La piel encendida, o Los nombres de tu cuerpo, título genérico éste, ya apuntado, bajo el que se agrupan siete monumentales poemas.

            Pedro Tenorio, como he dicho, emplea un vocabulario preciso, sugerente, donde la sed, la luz, el agua, los peces, las gaviotas, la lluvia, la sal, las mareas... conforman un paisaje propicio al encuentro de los amantes, al reconocimiento del yo en la identidad recíproca del otro.

            Por último, la tercera parte, Los aljibes y las rosas, recoge la mirada enamorada del amante, pero ésta, lejos del jardín cerrado por donde discurría en el apartado anterior, cuando la realidad se centraba en los continuos encuentros amorosos, sale al mundo y, como apuntaba al principio de mi intervención, lo incorpora al ámbito cotidiano. Así, el blanco de las paredes, el pozo, las rosas,  los relojes de sol en la pared... son testigos también de ese amor que se acompasa al día a día, que se asienta y se reconoce en la complicidad del tiempo compartido, y adquiere así una nueva dimensión que lo eleva a la luz. Hay un poema que a mí me parece especialmente esclarecedor y que se titula El espesor del mundo lo aligeras. Comienza diciendo: Estoy con los objetos y con los animales, / la nostalgia, una tortuga, pájaros / y cinco lagartijas... y sigue enumerando diferentes flores y objetos para, en un final que lo conecta de nuevo con la amada, afirmar: Cuando de pronto escucho el roce de tus faldas: / como si hubiera olas en el campo.

            No quisiera aburrirles hablándoles de los aspectos técnicos del libro, aunque sí me gustaría resaltar algo que ya apunto en el prólogo al que antes me refería. No todo lo que se escribe y se publica como poesía es poesía. Hay mucha “ocurrencia” que discurre por los ámbitos literarios como “nueva poesía”, como algo “diferente”, “rompedor”, “innovador”. Incluso, cuando, como digo, muchas veces no pasa de una mera ocurrencia; en ocasiones, un feliz hallazgo, pero que dista mucho de lo que la Poesía, con mayúscula, exige. Así hay, entre comillas, “poemas”, donde el poeta corta el verso por donde mejor le peta, olvidando que ese corte ha de venir marcado por el ritmo, por la adecuada acentuación que lo dota de musicalidad y lo diferencia de la prosa. Y eso no se consigue con algo tan equívocamente valorado, como es la “Inspiración”. No; eso se logra a base de afán, de lecturas previas de los clásicos, de romper muchos poemas, de exigencia. Así, con esfuerzo y mucha dedicación, se escribe un libro como La piel del agua. Un libro que dice mucho más de lo que yo aquí he intentado explicar, y con cuya lectura ustedes disfrutarán, hasta el punto, estoy seguro, de volver más de una vez a releerlo.

            Por mi parte, poco más que decir. Les dejo con la palabra y el verso de Pedro Tenorio. Muchas gracias.  

jueves, 8 de febrero de 2018

La piel del agua



Dicho queda en el cartel. Esta tarde, a las 19 h., en la Biblioteca José Hierro, estaré, junto a Javier Ahijado, acompañando a Pedro Tenorio en la puesta de largo de su último libro, La piel del agua. Otro paso más en su ya dilatada carrera poética que no dejará a nadie indiferente. Os esperamos. 

sábado, 27 de enero de 2018

A batallas de amor (daños colaterales)



Revisando carpetas y textos "viejunos" me encuentro con este jocoso soneto, escrito hace ya años.


                                   A batallas de amor, campo de pluma

                                                                Luis de Góngora

  
Me despertó el fragor de una batalla
en el campo de pluma del vecino.
A mi ligero sueño y oído fino
se unió el furor lascivo de la paya.

¡Las tres de la mañana! Dije, "¡Vaya!
¡Las fiestas que se monta el muy cochino!
¡Miércoles! ¡Laborable! ¡Qué cansino!
¿No se agotan, por Dios, con tanta tralla?"

¡Las cuatro y media! Clamole a Morfeo
que venga hasta mi cama y me haga reo,
que mañana madrugo, que trabajo.

Mas Morfeo no viene. Es Afrodita
la que gime, suspira, exclama, grita
con gran convencimiento y desparpajo.

A las siete, rendidos por Amor,
callan. Y suena mi despertador. 


lunes, 22 de enero de 2018

Ciclo de Poesía en Galería Cerdán



El próximo jueves, 25 de enero, a las 20 horas, el poeta José Luis Morante ofrecerá una lectura de su obra poética en la Galería Cerdán, de Talavera de la Reina, inaugurando el ciclo de este año, a celebrar el último jueves de cada mes, de enero a mayo. 

Transcribo a continuación la nota de prensa emitida por la Galería: 

El poeta abulense José Luis Morante abre el Ciclo de Poesía de la Galería Cerdán

José Luis Morante, poeta abulense, abre este jueves 25 de Enero a las 20 horas el Ciclo de Poesía de la Galería Cerdán que se prolongará hasta el mes de Mayo. Morante, que actualmente reside en la localidad madrileña de Rivas Vaciamadrid, tiene una larga trayectoria poética con numerosa obra editada y premiada, tanto de poesía como de crítica literaria, labor esta última que ejerce en diversas revistas especializadas como Clarín o Ínsula y en su página de Internet “Puentes de Papel” (www.puentesdepapel56.blogspot.com).

Referencia bibliográfica

Morante nació en El Bohodón, Ávila, en 1956. Comienza su labor docente en 1978, destinado en centros públicos de Ávila y Cádiz. Desde 1989 hasta 2016 ejerció como Profesor de Ciencias Sociales en Rivas-Vaciamadrid (Madrid).
La antología Mapa de ruta (Maillot Amarillo, 2010) compendia su obra poética formada por siete libros, con reconocimientos como el Premio Antonio Machado para profesores, el Premio Luis Cernuda, el Premio Internacional de Poesía San Juan de la Cruz, o el Premio Hermanos Argensola.
En 2013 se publicó Ninguna parte, un conjunto de poemas editado por la Isla de Siltolá. Entre sus obras en prosa están el diario Reencuentros, el libro de entrevistas Palabras adentro y Protagonistas y secundarios, selección de artículos sobre poesía contemporánea. Su extensa labor crítica está representada por Arquitecturas de la memoria, sobre Joan Margarit, Ropa de calle, con Luis García Montero como protagonista, y la edición Hilo de oro, en torno a Eloy Sánchez Rosillo, las tres integradas en la colección Letras Hispánicas de Cátedra; ha prologado libros de Luis Felipe Comendador, Herme G. Donis y Karmelo C. Iribarren.
Su aportación aforística comprende Mejores días (2009) y Motivos personales (2015). En febrero de 2016 la editorial Valparaíso publicaba su antología Re-generación, una muestra de poetas que da voz a la primera promoción lírica del siglo XXI.
Prosigue su trabajo crítico en revistas como Clarín, Ínsula y Turia, y en algunas revistas digitales.


Desde aquí, invito a cuantos os asomáis a esta bitácora a no perderos la ocasión de escuchar a un poeta de la calidad y solvencia como las que José Luis Morante atesora. Nadie saldrá defraudado. 

domingo, 31 de diciembre de 2017

Feliz 2018

De las muchas felicitaciones recibidas, quiero compartir la que a continuación dejo. Me gustaría saber quién es el autor del dibujo*, que me ha parecido una auténtica maravilla. En cuanto al mensaje común en esta salida y entrada de año... poco más que decir. Que 2018 nos sea propicio y los grandes popes del mundo no nos la líen aún más gorda. 

* Gracias a la función de Google "Buscar imágenes", descubro que el autor del dibujo no es otro que D. Antonio Saura. Con razón me ha gustado tanto. 

sábado, 23 de diciembre de 2017

Un cocineto para Nochebuena

Ante la proximidad de Nochebuena, quiero compartir este cocineto, que tiene su origen en un tiempo en el que el besugo llegaba esa noche a muchas mesas, cuando aún no se había convertido en el artículo de lujo que es actualmente. Feliz noche. Y que aproveche.



viernes, 15 de diciembre de 2017

Palabras de Pedro Tenorio en la presentación de "A la carta (cocinetos reunidos)"

[© Barri] 



El pasado lunes, en la presentación de A la carta (cocinetos reunidos), Pedro Tenorio hizo un recorrido por nuestra amistad y mi actividad poética. Comparto con todos los que se dan un garbeo por aquí sus palabras, generosas, acaso algo excesivas, que la amistad es muy dada a eso de la exageración. Juzgue el lector. 


¿Quién no conoce en Talavera a Antonio del Camino? Yo tuve la suerte de saber de él al poco tiempo de mi llegada a esta ciudad, allá por el año 82. Creo que fue Ángel Ballesteros quien me habló en la librería Miguel Hernández, del grupo “La Troje”, en cuya colección acababa de publicar Antonio su poemario Constancia de las lunas. Tenía entonces 27 años y ya había publicado otros tres libros, dos de ellos galardonados.
Vosotros sois poetas, en el año 1977, a los veinte años y Segunda soledad, con el que obtuvo el premio Rafael Morales del 79 y en el 81 Donde el amor se llama soledad, que le valió el premio Ciudad de Santo Domingo.
Es decir: cuando llegué yo a Talavera Antonio era ya un poeta experimentado a pesar de su juventud. Para mí, dos años mayor que él, fue un referente que además me premió con su amistad.

Dos años más tarde, por Del verbo y la penumbra, se le concede un accésit del prestigioso Premio Adonais.

Pero hoy quiero referirme sobre todo a otros libros de Antonio, los que siguen a estos y que pueden dar fe de la constancia callada, humilde y casi ascética de su quehacer. Porque Antonio, habiendo logrado premios prestigiosos y siendo aún joven, o sea, pudiendo haber sido ya una promesa confirmada,  parece que se excluye de los “cenáculos poéticos”, del mundanal rüido y se recluye.
Algunos de los poemarios que escribe por entonces nos los da a conocer en pequeñas ediciones no venales, artesanales que él mismo confecciona y encuaderna, siguiendo una afición heredada de su padre, libros de una tirada muy reducida que reparte entre familiares y amigos. Y yo me siento orgulloso de contarme entre ellos. Se trata de libros como Jardín de luz (1996), Dédalo (1998), un precioso libro de sonetos en los que encabalga el último verso con el primero del soneto siguiente o Veinticinco poemas en Carmendelicadas composiciones que cantan lo amable del amor sosegado y en las que juega con el nombre de Carmen y su doble significado de jardín y de poema (1999).
En 2011, Ediciones Trébedes, de Toledo, publica su libro Fragmentos de inventario, en prosa, y en el que reúne, a modo de sucesivas estampas, algunos recuerdos de infancia y juventud en Talavera. Prado, mi mujer, que había nacido en el mismo barrio que Antonio (Barrio Nuevo), evocaba al leer estas páginas muy gratos recuerdos compartidos, como el corralón de Garvín en que se reunía la muchachada en los primeros años 60.
La generosidad de Antonio le ha movido a colaborar con la editorial lf, de Béjar (Salamanca) que encauza sus esfuerzos a la ayuda solidaria,(como acabáis de ver en el vídeo proyectado). Porque en esta editorial, la que publica este libro que presentamos, había publicado en 2015 su libro Para saber de mí. Y en 2017 Paso a paso, la vida. Preciosos e intimistas poemarios en los que casi se visualizan viejas fotos en blanco y negro y en los que la cotidianeidad camina con paso sereno respectivamente.

Pero hay otra faceta en Antonio y es su carácter lúdico, burlón, chistoso, en fin, una poesía más ligera, lo que no significa menos importante. Y este tono de humor es el que adoptaré desde estas líneas.
Porque no toda la poesía ha de ser la que nos habla del amor (atormentado o, como en el caso de Antonio, sereno)  ni  la que fija en el acta del poema el paso del tiempo (raudo y barroco, o, como en el caso de Antonio, apacible y luminoso). Yo estoy convencido de que no es más serio hablar del Tempus fugit, (lo cual siempre ha sido una obviedad, porque el tiempo siempre se fuga), que de un plato de melón con jamón; o que un buen chiste gráfico, como uno de Gila que vi en el escaparate de un restaurante madrileño. En él, el padre le dice al niño (se entiende que en los años del hambre): —Mira, hijo, eso es un jamón. Y dicen que se come… ¡y que está bueno!

Con el rigor de un buen versificador (además y sobre todo, de un magnifico poeta) y siempre ateniéndose a formas clásicas Antonio escribe en tercetos encadenados Historias de Gila versificadas por Miguel Ardiles (2005), empezando, claro está por la que cuenta  su nacimiento, cuando no estaba su madre en la casa y tuvo que atenderle la portera, la señora Blasa, a la que dice el neonato que aún no ha mamado, que a ver qué pasa.
Más recientemente escribe en romances las historias del Niño Polito, ese personaje exasperante inventado por Cesar Pacheco y que pulula en episodios por  Facebook. Es decir, Antonio es un maestro en las estrofas tradicionales  y un buen conocedor de las redes sociales (desde 2009 mantiene el blog Verbo y penumbra), y lo mismo nos cose un soneto que nos fríe un romance, aliñado con la sal de un buen chiste.

Porque esta vena jocosa, heredera de toda una tradición encabezada por Quevedo, la desarrolla además contando chistes encerrados en los catorce versos que, dicen, es soneto. Se trata de unos “Chisnetos” que se intercambiaban, en las postrimerías del siglo pasado, los miembros de un foro de la página web Poesía.com en la que participaba Antonio.

De esta página surgen otros textos, escritos con afán de divertimento, entre los que se encuentran los Cocinetos (2002) y Nuevos cocinetos (2013), sonetos que recogen variadas recetas de cocina. Y así nacen estos de A la carta (cocinetos reunidos), que ahora les presento.

A LA CARTA
Se trata de un suculento libro de cocina, raro en su especie, porque está escrito en sonetos. Compuesto por 37 recetas (2 entrantes –que nunca serán bastantes-, 2 de legumbres –por seguir buenas costumbres-, 1 de pasta –para un buen almuerzo basta-, 13 primeros platos –sanos, buenos y baratos-, 5 de pescado –para salir confortado-, 8 recetas  con consistencia –de carne y buena apariencia- y 6 postres para terminar –y alegrar el paladar-,(las apostillas las pone Antonio) además de un homenaje a Carlos Arguiñano y 2 reflexiones,  una sobre el placer de guisar y después, en compañía de Epicuro, al que ha invitado a la mesa, comerse lo guisado; y la otra sobre la exquisitez y la sencillez de alguna receta, como el melón con jamón, que efectivamente se come, y está bueno.

Se trata de recetas fáciles de hacer y de leer (apenas hay versos encabalgados y no hay figuras retóricas que compliquen la receta).

Algunas las adereza con expresiones coloquiales, como cuando dice que al carnicero: “yo le pago su precio sin un pero”, o el galicismo algo chulesco et voila, para señalar que la receta está concluida. Y, sobre todo con un fino sentido del humor, como la del gazpacho, en la que tras jalearse a si mismo en el segundo verso porque se le ha ocurrido una figura simpática en el primero, termina con un estrambote en el que le echa la culpa al gazpacho de que repite (por haberlo usado para su rima dos veces, en los versos 4º y 8º). Y eso que ya había advertido que bastaba con un diente de ajo. (Yo me había propuesto no leerles ningún soneto, pero para ilustrar lo que quiero decirles tengo que leerles este):

GAZPACHO A MI MANERA
Con la caló subiéndose al mostacho
adviértase figura harto ocurrente—   
me meto en la cocina con la mente
puesta en un gran caldero de gazpacho.
Tomatitos maduros y un buen cacho
de cebolla, pepinos, ajo (un diente)
y pimiento, siempre sin su simiente,
son la base esencial de mi gazpacho;
sin olvidar la sal ni el acetato,
ni el aceite de oliva, por supuesto.
Lavo, pelo, trituro y en un rato
tengo mi gazpachito ya compuesto.
Un lujo culinario bien barato,
que en este cocineto dejo expuesto.
(El lector avizor habrá advertido
que entre tanto gazpacho he repetido.)
                                                                                        

Además de éste, que, digamos, es tradicional, yo he probado a guisar algún plato sorprendente, como unas alcachofas con anillas de calamar y canela en rama. Es fácil de hacer, como todas las que propone Antonio y el resultado es muy bueno. Realmente riquísima.

No hace falta aprobar curso de cocina para elaborar con éxito un plato de los que proponen estos cocinetos. Hace falta, a lo más, conocer alguna expresión como “sellar” un solomillo o “salpimentarlo” y saber que “acetato” es como ahora se ha dado en llamar al vinagre. Basta con tener dos dedos de frente.
Hay además alguna receta que requiere de dos y hasta de tres sonetos (como la del cocido, un soneto por cada vuelco) y las hay de versos octosílabos (los cocinetillos, dice Antonio), como la del “pescao” en adobo. Observen que no dice pescado, sino “pescao” y aún podía haber dicho “pescaito” a la manera popular andaluza. Y por eso elige el sabio poeta los versos más populares, que son los ocho sílabas.


Así que, caros amigos
no sé si os he convencido
en algo, si poco o mucho,
de la bondad del producto,
de estos cocinetos, digo,
(que sin ánimo de lucro,
guisa Antonio del Camino).

Espero que sus recetas,
más que mis sosas palabras,
hayan ya contribuido
-por las buenas o a las bravas-
a que compréis este libro
que del arte culinario
hace un gesto solidario
al guisarlo y escribirlo.

¡Y corríjanme algún ripio!

Sirvan estas palabras para referirme la bonhomía de Antonio, maestro de cocinillas y sabio en la poesía.

                                             

jueves, 14 de diciembre de 2017

Lectura en la Biblioteca Niveiro Alfar de El Carmen




Tras la presentación el pasado lunes de A la carta (cocinetos reunidos) en el salón de actos de la UNED, de Talavera, hoy, aceptando la amable invitación de Virginia, estaré en ese marco arquitectónico maravilloso que es la Biblioteca Niveiro Alfar El Carmen, donde hablaré del Cocineto y ofreceré una lectura de este libro. Será a las 18 horas, y, aunque se ha abierto en la Biblioteca un plazo de inscripción para asistir a la misma, supongo que no habrá inconveniente para sumarse a ella si alguien, a última hora, desea hacerlo.

Os esperamos.