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martes, 25 de abril de 2017

Prohibido fijar carteles.

[Imagen tomada de la Red]


Era tan rígido y estricto en el cumplimiento de la norma que escribió en la fachada de su tienda: PROHIBIDO FIJAR CARTELES. RESPONSABLE LA EMPRESA ANUNCIADORA. Y, puntualmente, abonó la multa. 

lunes, 24 de abril de 2017

Presentación de Paso a paso, la vida, en Navalmoral de la Mata



Mañana, martes, 25, en la Fundación Concha, de Navamoral de la Mata, acompañado por el poeta Alejandro González Terriza, presentamos mi último poemario, Paso a paso, la vida

Editado por lf ediciones, de Béjar, la recaudación de los posibles beneficios va destinada a las labores humanitarias que viene realizando en Perú la ONG SBQ Solidario

Invito a cuantos puedan asistir a hacerlo. Prometemos no aburrir. Y si se animan a comprar el libro, mejor que mejor. Es por una buena causa. 

domingo, 23 de abril de 2017

Libros

[© C. E. L.] 

Nada diré que ya no se haya dicho
respecto a la lectura y sus bondades,
a los viejos secretos de los libros,
a las vidas que guardan, a las grandes
historias, enseñanzas, laberintos,
mundos donde perderse y encontrarse,
espejos que cruzar, cimas, abismos,
universos, océanos, ciudades,
Ícaros, Minutauros, dioses, mitos,
palabras que levantan catedrales...

Sólo diré que son —y así los vivo—
como el amigo fiel que, aunque se tarde,
espera en una cita sin un signo
de malestar ni queja. Por mi parte,
mucho les debo a su bondad conmigo,
mucho de paz, respuestas y amistades.

sábado, 22 de abril de 2017

Ida y Vuelta, de Alfonso González-Calero García

       Como si de un mago se tratase sacando un conejo de su chistera, Alfonso González-Calero García, de su Biblioteca Literaria Añil, acaba de extraer un hermoso libro de poemas, Ida y Vuelta. ¿Que qué tiene de extraordinario?, podrá preguntarse el lector, habida cuenta de que no es el primer poemario que se publica en esa colección, y aquí es donde entra el que suscribe para aclarar la posible duda: Lo extraordinario, verdaderamente extraordinario y celebratorio, es que el libro es del propio Alfonso, y se trata de su primer libro; ignoro si antes ha llegado a publicar algún poema suelto en alguna revista literaria.
            Ida y Vuelta no es un libro cualquiera, pues recoge poemas escritos entre 1985 y 2015, treinta años de vivencias y reflexiones resumidos en 90 páginas de versos, divididas en seis partes: Para dudar que vivo (cuaderno rosa; 1985-1995), Cuaderno blanco trece (2002-2003), Cuaderno de madrugadas (2001-2005), Sin paisaje (2000-2004), Un verano se abre (2014) y Carácter y destino (2015), a los que habría que sumar un Prólogo de José Corredor Matheos, y un Apéndice:  Dos poemas, dos amigos, con sendos textos dedicados al autor por Miguel Galanes y Francisco Gómez-Porro. Todo ello, al cuidado y sensibilidad del propio autor en una más de esas deliciosas joyas que son los libros de esta Biblioteca Literaria Añil.
            Lo primero que ha sorprendido a este lector es la variedad de citas que se concentran a lo largo del libro, de autores tan diversos como Pere Gimferrer, Salvador Espriú, Miguel Labordeta, Mario Camús, José Ángel Valente, Alejandro López Andrada, Pedro Salinas, Luis Landero, Fernando Pessoa y alguno de sus heterónimos, Ángel González, Cortázar, René Char... y muchos otros. Citas que, de alguna manera, "sitúan" el poema o lo arropan durante su recorrido por la página virgen.
            Lo segundo, y más importante, es que no se trata del libro de un poeta novel. Se observa un buen manejo del verso y una contención y precisión propia de autores con muchas horas de vuelo. Considero —y no creo que sea una opinión descabellada— que en él hay una enorme labor de poda. Aconsejado por esa máxima poética no escrita de que Menos es más, el poeta ha sabido desnudar al conjunto de cualquier poema innecesario, hasta formar un todo armónico y homogéneo, donde el paso del tiempo (esos treinta años aquí contenidos) no parece apreciarse en la construcción y contenido; lo cual no significa que de principio a fin no se note una evolución manifiesta, pero, acaso, tal se observe más en el fondo que en la forma.
            José Corredor Matheos, en el prólogo, titulado Versos de un diario, comienza diciendo: En la poesía se dan ciertas constantes que reciben versiones o interpretaciones de los diferentes poetas, según sus inclinaciones personales, experiencias y tradiciones culturales. Temas fundamentales son, sin duda, el ansia de amar y ser amado, el temor a la muerte y, con él, el paso del tiempo. Pues bien, todas esas preocupaciones, temas fundamentales en Poesía, son tratadas también aquí con sensibilidad, buen pulso y capacidad reflexiva, todo ello no exento de belleza y precisión con las palabras elegidas, de modo que lo dicho sea expresado de la forma más adecuada y no de otra manera.
            Por todo ello, sumérjase el lector en las páginas de este libro y haga con su autor ese viaje de Ida y Vuelta común a cada uno de los mortales. Adéntrese con él en los recovecos del yo, escale los senderos de la duda, abrace el territorio donde el amor gobierna, salga a la luz o sumérjase en la noche más honda, y luego vuelva a su lugar y observe que, después de este viaje, sale reconfortado y acaso más sabio y más humano. Hágame caso: me lo agradecerá.  

viernes, 21 de abril de 2017

Crónica de una lectura, digamos, atípica



            Ayer, en la Biblioteca José Hierro, de Talavera de la Reina, asistimos a una magistral lectura de Sagrario Pinto, tal como anunciaba aquí el pasado miércoles. Una lectura en la que la autora hizo un recorrido por sus tres libros de poesía publicados: Noviembre (1980), La piel de la memoria (1999) y Las miradas (2003), para, posteriormente, pasar a hacer un repaso de su obra dedicada al público infantil, entre la que destaca La casa de los días (Anaya, 2001), uno de los libros de poesía infantil de mayor éxito en los últimos años.
            En el estrado acompañaban a la autora Joaquín Benito de Lucas, que da nombre a este Aula de Poesía, y Mercedes Regidor, quien debía presentar a la protagonista de la noche. Sin embargo, el orden de intervenciones resultó un tanto atípico. A las palabras de bienvenida de Benito de Lucas siguen habitualmente las del presentador —presentadora, en este caso— para continuar el poeta (la poeta). Sin embargo, un lapsus del primero dio directamente paso a la autora, quien, en un nuevo despiste, inició la lectura comentando sus primeros contactos con la poesía, el juego inicial con las palabras, la confección de su primer libro, Noviembre, ligado a la Aventura de La Troje, en los años 80, su estancia en Alemania, su vuelta a España...
            Avanzaba Sagrario por su intervención cuando J. B. de L. debió de caer en la cuenta de que la presentadora no había intervenido, y algo comentó brevemente con ella. De modo que, cuando nuestra autora terminó la lectura de fragmentos del último poema de Las Miradas (un poema de gran extensión, del que sólo leyó partes), y antes de que pasara a referirse a su labor ligada a la literatura infantil, Joaquín volvió a tomar la palabra para disculparse por el error y apuntar que, por una vez, se había roto el protocolo habitual, de modo que sería entonces cuando Mercedes Regidor apuntaría las claves sobre la obra de Sagrario Pinto. Para entonces, empero, todo estaba prácticamente dicho, pues la autora, había intercalado entre poema y poema referencias sobre su tarea y matizado aspectos concretos de su poesía. Así, la presentadora se limitó a subrayar algunas de sus notas, referirse a varios de los textos leídos y señalar otros que le habían parecido significativos en su propia lectura.
            Tras de esto, retomó la palabra la protagonista para comentar su labor como escritora infantil, íntimamente ligada a la enseñanza y a los libros de texto, y leer algunos de los poemas de La casa de los días, para finalizar con un cuento en verso con el que explicar a un niño qué es un poeta; un cuento delicioso que puso un excelente punto final a una lectura provechosa, aunque  accidentada y atípica, en la que Sagrario Pinto hizo —valga el tópico— las delicias del público asistente. 

jueves, 20 de abril de 2017

La metáfora del corazón, de José Pulido Navas

        En 2003 Seix Barral publica Somos el tiempo que nos queda, de José Manuel Caballero Bonald, título que, aunque sea una inmodestia comentarlo aquí, motivó en mí la escritura de un soneto cuyos primeros versos dicen: Somos el tiempo que nos queda, pero / al mismo tiempo somos lo vivido. Y es que el Tiempo, como materia esencial de nuestras vidas es, de la misma forma, materia esencial de la escritura. Lo saben los poetas desde el principio de los tiempos, y así ha quedado reflejado en tantos y tantos versos escritos en cualquier parte de este mundo nuestro. Y, mientras el hombre sea esa maquinaria que nace, crece, se desarrolla y muere, seguirá reflexionando y manejando la argamasa del tiempo en la construcción de toda obra, ya sea literaria, pictórica o ensayística, en la que respire un cierto afán de trascendencia .
            José Pulido Navas lo sabe y por eso mismo reflexiona sobre ello, sobre la levedad del tiempo, sobre el poder de la memoria, sobre la necesidad de la poesía para, inútil gesto, intentar detenerlo. De todo eso, y de lo que supone el discurrir de la vida del poeta en el escenario intangible del tiempo, trata La metáfora del corazón, libro con el que el autor obtuvo el III Premio Internacional de Poesía "Pilar Fernández Labrador", que ha publicado la Diputación de Salamanca, en una cuidada edición, con esclarecedor prólogo del poeta y periodista, Carlos Aganzo, y una hermosa cubierta con ilustración del pintor salmantino, Miguel Elías.
            El poemario está dividido en tres partes: El rostro del tiempo (la más extensa, con 24 poemas), Calendario lunar (compuesto por 13 poemas) e Intimo calendario (con 12 poemas). Se cierra el libro con una Adenda: Tiempo de narrador, traducciones, donde se recogen 15 de los poemas de esta obra traducidos a idiomas tan diferentes como: árabe, croata, inglés, portugués, bengalí, alemán, ruso, italiano,  griego, etc.
            Cabe destacarse, por lo que de pistas suponen en la lectura del libro, las citas con que se encabeza cada una de sus divisiones; la primera, de San Agustín: ¿Qué es, pues, el tiempo? Si nadie me lo pregunta lo sé, pero si trato de explicárselo a quien me lo pregunta, no lo sé. De Miguel Hernández, la segunda: ¡Lunas! como gobiernas, como bronces siempre en mudanza, siempre dando vueltas. Y del Eclesiastés, en la que cierra el libro: Todo tiene su momento y todo cuanto se hace debajo del sol tiene su tiempo.
            Con sólo estos datos cualquier lector puede quedar perfectamente orientado respecto al trasunto del libro, pero, claro, más allá del trasunto, más allá de aquello de lo que trata, está el cómo se trata. Y es aquí donde José Pulido muestra sus cartas de presentación: su habilidad con la metáfora, su precisión con la palabra exacta, su capacidad para decir más allá de lo que el contenido de la palabra en sí misma pueda encerrar. Así, materia de ese tiempo del que estamos hechos, el poeta viaja por la Historia, infancia, adolescencia, juventud, madurez...; se detiene en el misterio del Amor, se aferra a la tabla salvadora de la Palabra. Va y viene por la memoria y explora territorios de luz y sombra, hasta llegar a esa tercera parte, Íntimo calendario, en el que concreta diferentes enclaves esenciales repartidos a lo largo del año: Fiesta de Luminarias, Carnaval, Nacimiento de la Primavera, Noche de San Juan, Romería, Noche de Difuntos..., por citar sólo algunos de los poemas que componen esta última parte del largo y provechoso recorrido por La metáfora del corazón, libro hondo y bien cimentado, cuya lectura desde aquí recomiendo.

            Lástima que, como sucede tantas veces con libros editados por Organismos Oficiales, su localización en librerías pueda ser algo complicada. En cualquier caso, contactar con el Servicio de Publicaciones de la Diputación de Salamanca, resolverá los posibles inconvenientes al respecto.  

miércoles, 19 de abril de 2017

Lectura de Sagrario Pinto en la Biblioteca José Hierro

[Fundación de La Troje. Algún día de principios de los 80]

Amiga, maestra, compañera de aquella aventura que fue La Troje y excelente poeta, Sagrario compartirá con cuantos deseen sus personales, cercanos y afinados versos. Será mañana, 20 de abril, en el Aula de Poesía Joaquín Benito de Lucas, de la Biblioteca José Hierro, de Talavera de la Reina, a las 19,30 h. y estará presentada por Mercedes Regidor. Convecinos y residentes en radio de influencia no deberían perdérselo. Y si no, a las pruebas me remito: 

La partida

Mis primeros recuerdos 
son de color azul. 
En mi casa cenábamos 
sobre el mapa de España
en un mantel de hule
de los años sesenta. 

Hay algo de misterio
en esa noche: 
unos dedos muy largos 
recorren el contorno
de mi silla de enea. 

Duermo sobrecogida
en el revés de un sueño 
y luego me despiertan 
los actos cotidianos 
de mi madre hacendosa
encendiendo el brasero
o el sonido del agua
que hierve a borbotones. 

No es día de colegio 
ni de fiesta, 
nadie se ha puesto enfermo, 
nadie llora. 

"El milagro económico", 
decían los periódicos. 

Mi padre se alejaba
hacia un país de nieve 
y la gente al mirarme 
me hablaba muy bajito: 
"¡Qué suerte habéis tenido, 
qué suerte habéis tenido 
con tu padre!"


lunes, 3 de abril de 2017

Soneto de invierno, de María Luisa Mora

            Durante un par de semanas, a pequeños sorbos, disfrutándolo, he estado en compañía de Soneto de invierno, publicado por Ediciones Vitruvio y último libro de María Luisa Mora Alameda, que tan amablemente me hizo llegar, con una cariñosa y generosísima dedicatoria.  
            Para empezar, diré que el poemario es todo un reto para la autora, que reúne nada menos que ochenta sonetos en un libro valiente, sincero, escrito con una crudeza y dignidad encomiables.
            El poemario está dividido en un poema de entrada y cinco partes, sin título, encabezadas por citas de Quevedo (¡Ah de la vida!... ¿Nadie me responde?), Garcilaso (Cuando me paro a contemplar mi estado / y veo los pasos por do me ha traído.), García Lorca (Tengo pena de ser en esta orilla / tronco sin ramas, y lo que más siento / es no tener la flor, pulpa o arcilla / para el gusano de mi sufrimiento.), Delmira Agustini (Y hay en mi alma un gran florecimiento.), y Lope de Vega (¿Qué es lo que amor me ha dado? / Cuidado. / ¿Y qué es lo que yo le pido? / Olvido. / ¿Qué tengo del bien que veo? / Deseo.) y (Que en mi vida me he visto en tanto aprieto.); todas ellas, pistas que acercan al contenido de los poemas recogidos en cada apartado.
            Escribo sin saber muy bien si acierto / con mis versos nacidos de mi vida, dice en los dos primeros versos del soneto con el que se abre el libro, situando al lector en lo que va a ser el camino de este Soneto de invierno: poemas escritos con las tripas y el corazón, directos, fruto de la dura experiencia de la pérdida de la hija, sin trampa ni juegos malabares. El dolor producido por el vacío que conlleva la pérdida, sus inevitables consecuencias, la necesidad de continuar luchando en el día a día, la esperanza del encuentro con la hija en otra dimensión, el claroscuro continuo en el diario vivir..., todo ello queda plasmado en estos ochenta sonetos —algunos magistrales— ante los que el lector contempla el alma de un ser humano que sufre, que vacila, pero que también sabe levantarse y continuar viviendo, porque así es esta tarea de la existencia hasta el punto final. Y en ese levantarse, la escritura ocupa un lugar determinante, más allá de cúspides o escalafones; la tarea diaria, la amorosa tarea con la palabra, le permiten a la autora encontrar un lugar en el que sentirse ella misma, y desde el que salir al mundo y abrazar la vida. Sirva, como muestra, el soneto con que se cierra el libro, Broto:

¿He escrito lo bastante como para
que me tenga por fin alguien en cuenta?
Llevo ya mucho tiempo en esta rara
ebriedad: en el pan que me alimenta. 

¿Necesario es seguir mostrando aquello 
que me hizo ser el ser con el que vivo,
que me mostró lo frío, oscuro, bello?
—No sé si lo será; pero lo escribo—.

Sé que mi paso no suena rotundo
en la carrera que conduce arriba. 
—Mi escalera tiene un peldaño roto—.

Pero a mí qué me importa, si amo el mundo
y amo mi vocación. No me derriba
jamás el viento airado. Escribo. Broto.


             Sin duda, un libro descarnado y valiente este Soneto de invierno, cuya lectura recomiendo a los degustadores de la buena poesía. 


martes, 21 de marzo de 2017

Poema de amor (Día Mundial de la Poesía)

(Fernando Zobel)


Palabra tras palabra, tiempo y canto,
libélula encendida en la frontera
del silencio y la música, adelanto
de la luz más humilde y verdadera,
asiento del dolor y la alegría,  
amante y compañera Poesía. 




lunes, 13 de marzo de 2017

Práctica del amor platónico



       El próximo día 17, en la FNAC San Agustín de Valencia, se presenta Práctica del amor platónico, de Miguel Argaya, libro publicado con el número 282 en la colección de Poesía de la editorial Devenir.
        
         Este es el octavo libro del autor —Premio Rey Juan Carlos en 1989 con Luces de Gálibo o accésit de Adonais en 1991 con Geometría de las cosas irregulares, entre otros galardones, a los que hay que añadir dos plaquettes, Prohibido el paso a perros y poetas (1983) y Elementos para un análisis específico de los poblamientos indígenas (1986).  

         El camino recorrido por Miguel Argaya es el de un poeta comprometido con la palabra y enfrentado al poema sin máscaras ni cortapisas; un poeta que se pregunta y trata de hallar respuestas a través de los versos, al tiempo que deja constancia de quien es, de sus sueños, sus inquietudes o sus decepciones. La Poesía es para él una necesidad vital a la que se asoma cada día, un rincón donde dialoga consigo mismo, donde se reconoce y desde el que sale al mundo. Y si eso ha sido así desde que nos mostrara sus primeros versos, el lector comprobará que ese afán se hace aún más exacto en el libro que nos ocupa, Práctica del amor platónico, compuesto por 33 poemas, divididos en cuatro partes de 8 poemas cada una, más un poema epílogo, El poeta pide respeto al huésped, un soneto especialmente esclarecedor, cuyo primer verso dice: Yo soy el yo que escribe este poema. El libro, además, cuenta con los avales de Luis Alberto de Cuenca, que firma el prólogo, y de Jaime Olmedo Ramos, autor del epílogo; ambos textos —prólogo y epílogo— lúcidos y oportunos.


         Se ha hecho referencia a la división del poemario en cuatro partes: Años colaterales, Las horas, Los Mapas y La vida contemplada. En todas ellas el tiempo, pasado, presente o futuro, es el gran aliado del poeta y, a la vez, el enemigo íntimo contra el que no hay posible tregua. Así, los amigos, las diferentes edades del autor, los padres, hijas, esposa, Poesía... son los materiales con los que se alza el edificio que es Práctica del amor platónico, construido con la hondura de la reflexión, con la emoción de los afectos, con la desnudez de quien no tiene miedo a contemplar, más allá del espejo, su verdadera imagen. Y, al mismo tiempo, con la argamasa del verso bien fundido, madurado sin prisas, con la cadencia justa, con el pulso de quien sabe que escribir poesía es algo más que escribir con renglones cortados a capricho. Y es que Práctica del amor platónico no es un libro al uso, de una sola lectura. Muy al contrario, es un libro de madurez que invita a ser degustado, como los buenos vinos, a pequeños sorbos; un libro con el que reflexionar y que, a buen seguro, le mostrará al lector verdades a las que acaso, por otros caminos, quizá no llegaría; un libro que desde aquí recomiendo y del que yo seguiré disfrutando en sucesivas lecturas.